
Sombras O Siluetas
Nunca he subido en un globo. Puede que esta sea la razón por la que no sé si desde esa altura se ven más sombras que siluetas, o menos siluetas que sombras. Lo que tengo claro es que se dispone de una visión panorámica similar a la que tienen las aves en el cielo. De poco o de nada me sirven tantas visiones en detalle que, únicamente, me provocan una sensación de desasosiego y desesperanza. La paz y la calma que se experimenta cuando se toma distancia, se deja de tener los pies en el suelo, te aleja de la realidad cotidiana y de una existencia mundana. Mirar desde arriba lo que ocurre en tierra puede darte también una singular visión microscópica: siluetas y sombras que cruzan una ciudad rumbo a sus quehaceres.
En las próximas semanas divisaremos con nuestra particular creatividadd y más conteni2.0 parte de la orilla en otra ciudad. La Perla de Occidente siempre es un punto de inicio y de referencia para muchas de nuestras actividades. En ocasiones es la urbe, en otras pequeños pueblitos que van quedando a un lado u otro de la carretera. Es una etapa que acaba de comenzar, una fase que da continuidad a otras históricas, que no tardará en concluir con la llegada de la primavera o con la finalización del invierno. Un frío y crudo tiempo de salir de la trinchera para volver a la lucha por seguir adelante. Pronto el hielo será nieve y un blanco panorama navideño teñirá de ilusión algunas decepciones. Se trata de arrojar algo de luz, como la de un faro que trata de guiar a un lugar seguro a las embarcaciones que lo avistan. El gran problema para llegar a tierra firme consiste en sortear tantos peñascos que, a flor de agua, nunca se divisan con suficiente claridad. Son las mismas piedras que te hacen zozobrar en el rumbo, idénticos obstáculos impertinentes que por más que los trates de sortear siempre te acaban tocando… cual pedrea, reintegro y aproximación.
Tener un panorama y disfrutarlo con los cinco sentidos es tan complejo como una panorámica. El primero nos sitúa ante una gran variedad de hechos reales como la vida misma, donde en cada momento “visto el panorama” nos hace reflexionar sobre la decisión que posteriormente vamos a tomar. En cuanto al segundo y “vista la panorámica” esa misma reflexión se convierte en un “para un momento” que la cuestión es para pensárselo más de dos veces. Muchas veces y dada la riqueza que tiene el ser humano, en sí mismo, el panorama lo creamos nosotros mismos de forma individual y consciente, pero muchas otras, la propia vida es la que se encarga de darte una panorámica tan clara y nítida con tal brillantez, que se puede ver una luna al lado de un gran globo de colores, a plena luz del día. Sí, todo parece estar encajado en su sitio, pero la realidad es muy distinta. Todos tenemos ilusión por plantearnos desde jóvenes el gran panorama de “nuestro futuro”. Sin embargo, van pasando los años, vemos que nuestra panorámica no es lo que habíamos soñado, por mucho que nos hayamos dejado nuestra piel en todos y cada uno de nuestros intentos.
Tener una gran extensión de espacio y a una determinada altura, para poder contemplar la libertad desde otra perspectiva, no nos confunde, somos capaces de discernir entre las escalas propias de valores y el gran abanico de sus significados, todos esos que nos hacen tener los “pies en el suelo” y una “ilusa imaginación” en el cerebro. Sin embargo, a quien no le gustaría ser por un momento un delicado colibrí de brillantes colores y poder perderse entre perfumadas flores en cualquier parte del mundo ???
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