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Una orilla virtual con un domicilio social.

domingo, 26 de diciembre de 2010

S.O.S.


Sumergirse O Sucumbir

Sumergida por el tsunami de la crisis económica, ante la imposibilidad de "facturar honestamente", una orilla digital está a punto de quedar inundada. Para que lo vayamos a negar, con la que está cayendo lo lógico es que la mayoría de los proyectos se vayan a pique. Si además no se pretende abrumar, ni agobiar intrusivamente a nadie con la monserga publicitaria… tras darnos a conocer amable y educadamente: ¿qué nos queda? Casi nada en términos de rentabilidad de lo invertido en dinero y tiempo, casi todo en buenas intenciones y "si-por-mi-fuera". Esto último es de agradecer y de reconocer entre tanta indolencia actual.

Sucumbir a la apatía particularizada y la desgana generalizada está relacionado directamente con el interés en que corramos con gastos ajenos. Buscar fuentes de financiación de proyectos y experimentos de largo trayecto y dudoso recorrido, sin apenas presupuesto y a coste cero, es inviable. La ausencia de sensibilidad tiene su base en la insolvencia, como la falta de credibilidad la tiene en no disponer ni de liquidez, ni de crédito suficiente. Un simple esquema, sobre el papel en el que diseñar el prototipo de algunas propuestas, nos lleva a cosechar una negativa tras otra… hasta terminar anegados. "El consuelo de tontos, que es el mal de muchos", no nos sirve para esperar a que se produzca un milagro.

Entre la propuesta inicial y la decisión final hay un camino con forma de organigrama, en el que se van sorteando obstáculos. La ruta principal es afirmativa y positiva, pero el eje central es un espacio en negro: NO hay dinero, NO es el momento, NO lo necesito, NO lo entiendo… un NO tras otro, que se resume en un NO interesa. Eso sí, claro, salvo que alguien o algo esté dispuesto a correr el riesgo de implementar, ejecutar y financiar todo el producto que ya nos encargaremos los demás de rentabilizar: trabajar por cuenta ajena con gastos propios.

Del otro lado, de este lado de la orilla, la cuestión siempre ha estado clara desde el principio: NO hay pagos, NO hay facturas. El coste de un prototipo es asumible dentro de una oferta promocional, pero el arte final es demasiado costoso (en tiempo y dinero) como para andar regalando “papelucos” con trascendencia económica. Un NO documentado para que los hábiles de siempre no puedan seguir cuadrando cuentas de sus creativas contabilidades. El siguiente paso es un NO participativo: no formar parte ni colaborar en modelos de negocio que están en quiebra técnica. Los concursos de acreedores no tienen buenos premios para los perdedores. La ventaja de algunos ganadores se está recortando según se conoce la información privilegiada con la que han jugado de antemano. Muchas veces no se sabe lo que va a ocurrir, simplemente se está procurando que suceda de acuerdo a unos intereses

El NO instrumental lleva a no confiar en unas herramientas que empieza a resultar peligrosas e incomodas para los que desconocen su funcionamiento. El sistema se está resquebrajando porque la operativa ya no es la de antes. La suma de datos reales y objetivos determina la posibilidad real de una inversión cierta. Por eso, quizás por algo tan obvio, todo está parado y hay millones de personas en el paro. Mejor dicho, todos quietos paraos, no sea que al intentar mover algún granito de arena, acceder a cualquier migaja, se ponga al descubierto el estado de la cuestión. Intentar acceder, de forma directa o secuencial, a unos mínimos ingresos que garanticen subsistir lleva a mandar un S.O.S.

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