
Comunicarnos para comprender
Comunicación: una palabra convertida en noción científica, un eje sobre el que parece pivotar casi todo en esta vida. Llevo más de cuarto de siglo oyendo hablar de ella, estudiándola y reflexionando sobre ella. Primero como alumno, luego como profesional y, en ocasiones como ahora, actualmente como docente. Creo que adjetivarla como paradójica es lo que me ayuda a resolver todas las cosas que digo “entre comillas” (con fina ironía), que escribo entre paréntesis (para aclarar mi sarcasmo), o que me censuro para dar respuesta a los silencios significativos (“a tanta callada”). Cada vez tenemos más medios, canales y dispositivos para comunicarnos, lo malo es que cada vez lo hacemos peor. Lo bueno es que todos lo sabemos y a nadie parece importarle. La incomunicación me empieza a resultar más útil y atractiva que la toma de decisiones sobre la desinformación que me rodea… no cabe duda: el relato de muchos acontecimientos públicos y privados me resulta menos creíble. Soy un amante de las buenas historias, de los cuentos con final feliz o de un libro en el que, al menos, hay un capítulo del que puedo entresacar una idea. Comprender la comunicación es tan complicado como hacerte entender tratando de comunicarte verbal o no verbalmente. Los signos de inteligencia no abundan y los gestos de amabilidad no se prodigan.
Terminal. De las acepciones del artículo enmendado del DRAE, inicialmente cabe aplicar la relacionada con la informática. Por definición, me paso muchas horas detrás de máquinas (con teclado y pantalla mediante la cual se proporcionan datos a una computadora o a un ordenador central o se obtiene información de ellos), que me permiten comunicarme y que me hacen la vida más sencilla y cómoda. Ayer, de vuelta de la estación (cuarta acepción, de nombre ambiguo) de Segovia Guiomar, “tras un intento fallido de regresar a Madrid en la alta velocidad”, me terminé de convencer de la estrecha banda que separa el mundo de las infraestructuras. Ya sé, son cosas mías y producto de mi desesperante capacidad de interrelacionar cosas (mezclar churras con porcinas). Me apliqué mi particular sentido del humor y decidí aguantar el tipo volviendo en la supérverdana. Negrito, cursivo y subrayado al final de autobús sin un pequeño aparato que conectar a su wifi. Rodeado de otros pacientes que parecían también estar en situación grave e irreversible. De la segunda acepción a la primera hay un pequeño paso que pon el punto y final a tantas cosas mundanas... poner término a algo se parece mucho a encontrar la palabra precisa con la que poner límite a la incertidumbre sin nombre.
Experimental es el concepto con el que, la novedad de las acciones, se asocia actualmente al Marketing 4.0 en la ansiada Web 3.0 o semántica. Sincronizando significados con significantes semióticos, la rejilla de análisis donde entrecruzar variables resulta casi incomprensible. Salvo que la realidad nos proporciones miles de ejemplos que resultan complicados de encasillar en celdas, incluso de encerrar en casillas, por mucho que se trate de explicar. La realidad hay que experimentarla por uno mismo para que te resulte tan probable como fidedigna. Una vez convencido (es más todavía, derrotado por la aplastante realidad), frente a un tablón de anuncios o a una valla de publicidad que te anima anunciarte, no caben más experimentos fallidos. Sufrir un fraude o sentirse defraudado me empieza a resultar lo mismo sin ser igual. No me caben más deudas ajenas en mis bolsillos así que la comunicación experiencial creo que acabará en otro intento fallido: no hay infraestructura suficiente ni se generan contenidos que comunicar. El vacio y el frío de la estación de Segovia Guiomar me llevaron a reflexionar con la calma necesaria. El tiempo (junto al espacio como coordenadas claves de la velocidad) que se invierte en desplazarte hacia un lugar tan apartado, es el que supuestamente te ahorras en viajar a un destino próximo. Pagar el doble por tardar la mitad no es un mal negocio, pero me temo que no es así fuera de las condiciones del laboratorio. El retorno al punto de inicio, a la situación inicial deshaciendo algunas acciones, te lleva a contemplar otras alternativas bajo el mismo punto de vista de siempre.
Operativo es un estado que caracteriza a los individuos multitarea, como la hiperactividad y el dinamismo que les lleva a rentabilizar cada segundo. De los hombres grises a las mujeres que se mueven en escalas del blanco al negro hay un paseo. Los puros se han sustituido por cigarrillos liados con destreza, mientras el humo sigue siendo el de toda la vida: el que se vende en frasco pequeño a un alto precio. La cuestión es estar conectado/a en cualquier lugar y momento, localizables a cualquier precio. De un mundo literario de seudónimos - en el que el guion concedía a los personajes un papel protagonista -, hemos pasado a una parodia de la realidad llena de alias (apodos, sobrenombres o nicknames) con el que designar anónimos productos sin denominación de origen. Un universo de Terminales Experimentales Operativos de entre los cuales ha surgido uno tan díscolo como divertido: Teo Info de la Com. O simplemente, TEO, para los amigos y seguidores de personajes virtuales y ficticios (con patucos antiventisca).
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